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Adelgazar corriendo

Inevitablemente ha llegado el calor, y con ello la fiebre por lucir palmito. Este es el punto donde más de uno comprueba que su capa de grasa no le va a salvar de ninguna tormenta de nieve o hambruna posible. Comienza aquí una carrera por llegar a sentirse de nuevo a gusto con su cuerpo, que demasiadas veces es aprovechada por muchos para vender toda clase de productos y difundir bulos a cada cual más esperpéntico.

De sobras sabéis que no soy médico pero, si alguien a quien le gustan las cosas claras, y que se suele relacionar bastantes con estos como para poder poner en tela de juicio muchas de esas creencias populares, e incluso alguna hasta con tintes científicos. De toda esa morralla, me quedo con la frase de un célebre endocrino que resumía el tema diciendo “engordar no es más que el resultado de ingerir más calorías de las que se gastan”.

LO EXCEPCIONAL Y RARO, ESO ES, EXCEPCIONAL Y RARO

Al igual que buena parte de corredores creen que su caso (pisada, lesiones, etc.) son únicos en el mundo, parece últimamente que todos los casos de obesidad son fruto de raras enfermedades, alimentos que misteriosamente aumentan hasta el infinito su poder calórico, o genes con muy mala fé. Si esto fuera así, hubiéramos descubierto la solución al problema energético y los médicos tendrían bastante más trabajo. Como se suele decir, a nadie le engorda el agua ni se nace siendo obeso.

Cierto es, que hay cierta disposición por parte de algunas personas a engordar, pero el cuerpo humano es una maquina que no acumula, si no se le echa más combustible del necesario. También es muy frecuente que las personas con alto sobrepeso, padezcan problemas de tiroideos, pero cabe preguntarse quien apareció antes, si el problema tiroideo o la obesidad en si. Resulta obvio que si te pasas todo el día machacando con malos hábitos a tu sistema endocrino, este acabe por ceder. En resumidas cuentas, en la mayoría de casos si llevas una dieta equilibrada y comienzas a ingerir menos calorías de las que vas gastando, tenderás a adelgazar.

PASO NÚMERO 1: GASTAR MÁS

Si eres un glotón comienza por lo fácil, en vez de comer menos intenta al menos gastar más energía. Mucha gente fracasa en su intento por perder peso, por aferrarse a dietas imposibles de realizar, a menos que tengas una voluntad de hierro. Comienza a hacer deporte, implica aumentar el gasto calórico, y come lo mismo. Sin ningún género de dudas, comenzarás a ver resultados y ello reforzará tu voluntad para comenzar una dieta progresiva.

Nota importante: “Al comenzar a hacer actividad física, es común aumentar de peso ligeramente, dado que se aumenta la masa muscular. No te preocupes, precisamente esa masa muscular de más, haga que tu consumo calórico aumente, y con ello en poco tiempo adelgazarás más rápido.

PASO NÚMERO 2: LA DIETA FÁCIL

Ahora que las cosas comienzan a ir mejor, es la hora de comenzar a pulir tus hábitos alimenticios. Aprender a comer, conlleva un periodo de tiempo más o menos prolongado, y por lo que parece, te has perdido unos cuantos capítulos de la película. Como hay mucho escrito y no todo verdad, empieza por lo evidente. Elimina de tu dieta paulatinamente aquellos alimentos más calóricos y que aporten pocos nutrientes. Empieza por eliminar la llamada comida basura (hamburguesas, bocadillos y pizzas de cadenas industriales), refrescos azucarados y salsas tipo mayonesa etc. De una manera simple y sencilla habrás quitado de tu dieta un buen puñado de calorías y solo has tenido que restringir el consumo de tres o cuatro alimentos. Si vas asimilando la idea de no poder comer estos, puedes seguir recortando en embutidos, fritos y productos elaborados como los cereales azucarados del desayuno, que muchas veces son bombas calóricas.

PASO NÚMERO 3: LA BUENA EDUCACIÓN

Poco a poco, te estás consiguiendo mover con más facilidad y comiendo un poco mejor, pero para evitar los momentos de debilidad tienes que buscar pequeños trucos que te ayuden a solventar estos. Lo primero es hacer de tu actividad deportiva algo divertido, para que no lo veas como una obligación, o al menos, que esta tenga también tintes agradables. Busca compañía, haz entrenos divertidos o ponte música. Todo vale con tal de subir el ánimo. Posiblemente, cuando llegues de entrenar, tengas otro momento crítico, pues estás hambriento y te comerías el frigorífico sin desenchufarlo. Frente a esto coloca “trampas saludables”, es decir, deja a mano fruta para que nada más llegar, te sea lo más fácil y rápido de llevarte a la boca. Con ello evitaras la ansiedad que provoca el estomago vacío y escogerás mejor qué comer, una vez hayas saciado esa primera hambre con la fruta.

PASO NÚMERO 4: LA CONVERSIÓN

Sin darte cuenta, has conocido el placer de volver a disponer de tu cuerpo libremente, y ya incluso te planteas pasarte al lado de los que hacen deporte por disfrutar. Al igual que asimilar la dieta, lleva su tiempo asimilar una práctica deportiva, en un cuerpo sedentario también. A menudo, las personas que comienzan a practicar deporte para perder peso y consiguen resultados, cometen el error de no ir en progresión. Tienes que tener en cuenta que los michelines eran solo la parte visible de tu problema de salud. Tu maquinaria ha estado tocada mucho tiempo, y necesita su tiempo para convertirse en un deportivo de altas prestaciones. Dale tiempo a tus músculos para coger tono, a tu corazón y pulmones, para ser más capaces, y sobre todo, no olvides que la clave está en que lo que hagas, lo puedas hacer el resto de tu vida. De nada te vale entrar en la euforia de ponerte a entrenar con si fueras un chaval de veinte años y sesenta kilos, porque no lo eres, y lo más probable es que te lesiones y acabes aun más frustrado que antes. Comienza poco a poco y siempre fijándote en el punto de origen. Si no eres capaz de correr como un gamo, piensa que hasta hace bien poco te costaba hasta andar y subir las escaleras era poco más que un reto.