CARRERAS DE MONTAÑA: RENOVARSE O MORIR MATANDO

Puede sonar a oportunismo, tal vez lo sea, pero no miento si digo que esta reflexión que ahora publico lleva tiempo dando vueltas en mi cabeza. Tampoco os miento si os digo que soy corredor de asfalto y pista mas creo que después de veinte años corriendo, manteniendo un nivel parejo, dedicándome profesionalmente a la venta de artículos para correr y haciendo no pocas excursiones a montañas de todas las alturas y colores al menos puedo dar mi opinión. Gustará más o menos, podrá escocer en la hombría de alguno pero es la misma que ya tienen algunos organizadores de carreras de montaña con solera, médicos y los propios atletas punteros del trail.

Mi reflexión es que hace tiempo que se nos fue la cabeza en esto de correr. Vale, eso es algo que ya sabíamos todos pero la novedad es que ahora venimos de vuelta. Se nos fue la cabeza sobre el asfalto allá por los años 2013-2014-2015 y acabamos pegándonos una hostia colosal en los siguientes. De repente el número de inscritos bajaba de manera estrepitosa, desaparecían carreras y corredores al igual que tiendas y marcas deportivas. Ocurrió todo esto porque durante los años de crisis económica el único sector económico que parecía tirar del carro era el de eso que se dio a conocer como “running”. Cientos de caníbales acudieron al oler la sangre de miles de neófitos corredores sin pensar ni mucho menos importarles si aquello podía durar o no. Evidentemente la ciencia manda y la burbuja explotó. Suspiramos aliviados, y eso que lo sufrimos en nuestros bolsillos, aquellos que llevamos toda la vida corriendo y trabajando en el sector. Las aguas volvían a su cauce y aunque con menoscabo económico lo ganábamos en tranquilidad.

Poco duran las alegrías porque de nuevo ante la crisis del “running” había un subsector que funcionaba y se mantenía pujante, el trail running. Esperábamos que no se repitiera la historia pero no, se está repitiendo y con peores argumentos. Desde hace tiempo, y no lo digo yo solamente, ciertos sectores miran con preocupación al mundillo del trail y lo consideran el cementerio de corredores. Parece que el ciclo normal es que el asfalto es el que engancha a los nuevos que poco a poco van creciendo a distancias superiores (eso de poco a poco es por decorar) y acaban haciendo trail. El problema es que este último ciclo se está rebelando como el “destructor” de corredores pues las bajas por graves lesiones y desmotivación son cuantiosas. Repito, no lo digo yo, lo dicen estudios de Big Data del sector. Ocurre que el asfalto ha dejado de ser una fábrica inagotable de nuevos corredores pero la montaña no deja de engullirlos. Se aproxima, en términos demográficos, una gran crisis.

MISMOS ERRORES, MISMOS PATRONES

En aquellos años de bonanza “asfaltera” salieron carreras por doquier. Todo valía para todo el mundo y todos podía correr de todo. Algunas honrosas y excepcionales organizaciones viendo lo que se les venía encima pusieron coto acortando los tiempos de paso o el cierre de meta e incluso las hay que pedían “pedigree” a sus participantes. Eran los menos y eran los podían permitírselo en cierto modo. Por desgracia no fue ni es tendencia. Aquí todo el mundo se apuntó al cuanto más mejor en todos los sentidos. Se vendió el mantra de “nada es imposible” porque así nos harían creer que cualquiera puede acabar un maratón o un ironman y lo cierto es que siendo puristas con el termino casi cualquiera puede pero pagando un alto precio. El precio se llaman lesiones, síndrome de Burnout o simplemente reventones fisiológicos. Evidentemente a muchos de los que están les da igual porque mañana no estarán en este negocio.

En un alarde de torpeza son los mismos promotores de pruebas quienes parecen querer reventar la gallina de los huevos de oro cuanto antes. Entiéndase por gallina a los corredores y las carreras en demasía largas y/o tremendamente duras el método. Ni por número ni por preparación hay corredores para llenar carreras de más de 42 kms en la misma área geográfica  y sin embargo no es difícil encontrar en un radio de 200 kms hasta cinco o seis pruebas de 100 kms o incluso más. Bien se están condenando a una competencia suicida bien están condenando a cientos de corredores a agotar su vida deportiva en pocos años. Es la realidad.

Como si hacer tal pila de kilómetros no fuera suficiente alguno lo decora con una dureza extrema, recreándose con cada accidente topográfico que encuentra en el mapa. No hace falta, parece que si en tu prueba no hay muertos o una tasa de abandono inadmisible no eres nadie. Las carreras de montaña están en cierto modo para acercar la práctica deportiva al monte, para servir como motor económico de pueblos remotos y hasta para crear conciencia ecológica. No están para hacer alardes de testosterona, para enseñarle a los urbanitas su ineptitud frente a los rudos hombres de campo y mucho menos para llenar consultas médicas y/o fisioterapeutas.

POR UN MODELO DE SOSTENIBILIDAD

Por suerte y aunque algunos todavía se vean en la cresta otros ya le están viendo las orejas al lobo y comienza a tomar medidas de cara a la sostenibilidad para los corredores, los parajes y para ellos mismos. Son por ahora pocos pero parece que es un modelo de éxito. Alguna de las propuestas son:

1/ Asociación de organizadores y creación de calendario: esta medida parece lógica y evitaría las luchas fratricidas entre organizadores. Evitarían que las pruebas se pisasen y para mí lo más importante, que se miraran las pruebas como la mira el propio corredor. Así se darían cuenta de que existen demasiadas con una enorme carga de kilómetros, otras en fechas imposibles por climatología y otras que sencillamente sobran.

2/ Bianualidad de las pruebas más importantes: Es una medida realmente controvertida pues lógicamente hace perder mucho dinero a los organizadores de carreras consolidadas mas es una inversión de futuro. Para evitar el hastío de muchos corredores algunos organizadores han decidido dar carácter intermitente a sus pruebas, que por cierto tienen el cartel de lleno año tras año. Ello genera expectación, ganas y evita que los corredores se harten de la prueba en si. Por otro lado desahoga el calendario dando mayores tiempos de descanso entre prueba y prueba.

3/ Recortar las distancias de manera drástica: Ya lo dice el refrán “lo bueno si breve dos veces bueno” y eso es algo que hace una década descubrieron en el ciclismo. Si en el asfalto nadie discute que no se puede correr una media o un maratón cada fin de semana ¿por qué en la montaña nadie alza la voz? Parece que hasta hubiera miedo a ofender a quienes van a demostrar no sé qué. Para sus sostenibilidad la inmensa mayoría de carreras por el monte deberá tener entre 15 y 20 kms, unas cuantas entre 20 y 42 y muy excepcionalmente más de eso. Solamente así podrá haber carreras con un número de corredores decente que las haga sostenibles económicamente, solo así la montaña dejará de depender del asfalto para generar nuevos corredores y solo así quienes ya son participes tendrán una vida deportiva larga.

4/ Principio de progresión y control: si el punto anterior llega a buen puerto podríamos establecer un principio de progresión como ya ocurre en toda Europa. Esto supone que para correr en las pruebas más emblemáticas y duras el corredor debería presentar acreditación de haber corrido en otras de menor entidad a modo de preparación. Evitaríamos así cantidad de accidentes por parte de corredores que no están a la altura de pruebas de gran exigencia técnica y física. En este sentido todos conocemos ejemplos como UTMB que pide una “hoja de servicios” para poder entrar. No solo evitaríamos accidentes sino que en cierto modo los propios organizadores actuarían como educadores y reguladores. Sería entonces cuando nos daríamos cuenta de lo que suponen cien kilómetros por lento que vayas, lo que suponen mil metros de desnivel o simplemente pasarte más de doce horas despierto haciendo deporte.

5/ Protocolos de seguridad y cancelación uniformes : Esto es algo que existe en la montaña desde hace décadas. Y existe porque en el monte tu irresponsabilidad la pagan otros. A ti como organizador te van a llover las críticas si suspendes tu prueba por inclemencias meteorológicas. Puede que incluso pierdas dinero pero si no eres responsable seremos todos los que paguemos los rescates y no, no es solo una cuestión económica que cubra el seguro la vida de los profesionales se pone demasiadas veces en juego por la irresponsabilidad de algunos. He visto carreras que han dado la salida con una ciclogénesis explosiva encima de sus cabezas, otros con cuarenta grados de calor para una de cien kilómetros y supongo que por el norte otros pocos con nevadas acechando. ¿A qué estamos jugando? ¿Hacen falta muertos para generar cartel? ¿tener el seguro en regla es sinónimo de pasarse el sentido común por el forro?. Ante esto deben salir a flote protocolos que prohíban las carreras si se dan tales circunstancias y lo que digo lo hacen en una que se llama UTMB que algo saben.

Y A TI CORREDOR…

Cada cual es libre de hacer lo que quiera con su cuerpo, yo no soy un iluminado ni pretendo ir de padre pero si queremos que esto dure debemos poner cordura. Dejemos lo excepcional para los excepcionales y si nos ha tocado ser uno más pues busquemos el límite del corredor que trabaja, estudia, ejerce de padre/madre, del que no puede entrenar a diario, del que hace un par de años fumaba y pesaba veinte kilos más. ¿Acaso hay algo de malo en no ser excepcional? Dejemos de premiar la cantidad y fijémonos en la longevidad, en la calidad y dejemos de tratar a la naturaleza como un rival a batir. En tu mano como consumidor está cambiar esta situación que se está volviendo insostenible. Para bien o para mal tú decides.