OTRA VIDA Y OTRO SUEÑO TRUNCADO EN EL ANNAPURNA

La casualidad ha querido que dos años después de que el Annapurna se llevará la vida de Iñaki Otxoa de Olza, hoy de nuevo tenemos que pedirle a la Diosa de la Abundancia (Annapurna), que al menos sea digno cementerio para los sueños de un compañero. En la mañana de hoy se hallaba el cuerpo sin vida de Tolo Calafat, quien tras hacer cumbre ayer en el coloso pétreo, comenzó el descenso con muchas dificultades físicas que a la postre le han costado la vida.

Tolo Calafat era un compañero y no porque corriera como nosotros, cosa que desconozco, pero lo era porque al igual que nosotros corremos para no llegar a ningún lado, él subía montañas para luego bajarlas. A la gran mayoría, ambas paradojas pueden parecerles de idiotas, pero los que hemos descubierto que a veces en un mundo tan racional, es preciso que existan “idioteces”,  nos recuerden qué y quienes somos.

A pesar de haber alcanzado las más altas y dificultosas montañas del planeta, ningún alpinista pierde el respeto por la montaña ni se cree superior a ella. Del mismo modo ningún maratoniano, haya hecho cien maratones o se llame Haile Gebresselasie, puede firmar que domine el reino de Filípides. Paralelismos pues existen entre los muchos locos que con nuestras piernas, unas zapatillas y tierra de por medio, buscamos nuestros límites y esos pocos soñadores que con una mochila a sus espaldas, sueñan con ver el mundo desde sus más altos balcones.

Sirvan estas palabras como homenaje a Tolo y todos los que soñamos, todos humanos y compañeros/as.

DESCANSE EN PAZ.